Bien. Ahora me vuelvo al frío, a este sol indoloro, a estas calles como cárceles con barrotes de viento. Este invierno me vuelve loco. Hielo que taladra las uñas, y el sol, burlón, amagando pero sin dar. Me deseo muy buenas tardes.
Quiero meterme en los líquidos cristales donde el vapor le quita frescura a los sueños de la calle y quiero desvanecerme en la calima de las estufas o bien saborear las paredes encaladas donde el moho baila el vals de las olas, o desaparecer entre los pliegues monótonos de las dos de la tarde de cualquier año, de cualquier estación, en cualquier banco de madera. Quiero (sólo por pura supervivencia) asimilar de una vez el monotema de mi rechazo a la vida en cueros vivos, a los anuncios de neón, a la busca, a la lucha por superar la intemperie, las nieves, las cunetas, la insoportable ceniza del puro que se fuman los señores entrados en años y en arrobas en cualquier fiesta, en cualquier partido, en cualquier boda, en cualquier estúpido bar que mata con su monotonía. He de decir que me encantan los estúpidos bares, con su olor a tabacazo y sus rojos, sonrientes, vociferante inquilinos. Hervidero de vida. Me encantan aunque me maten como me mata la hierba que crece entre el asfalto junto a orines de perro, escupitajos, hojas muertas, naranjas podridas, restos de vida muerta. Esta noche me encantaría estar en uno de esos bares, pero me conformo con el vaho de los cristales que le quitan frescura a la noche. Me encanta ver belleza donde sólo sirven vino amargo. Me encanta resucitar los restos. Ahí van los de mi última cena.
Deo gratias.
Vengo de un arenal que se está convirtiendo en lodo. Bellísimo paraíso que se ha vuelto ciénaga. Me gusta sondear almas, la mía también. Visitar el sol de mediodía, buscar las esquinas donde da la vuelta el aire, olfatear portales, desentrañarle el sentido a las siete de la mañana cuando uno hace tremendos esfuerzos por reconciliarse consigo mismo, con la luz de neón de la cocina y con ese macabro sonido de las cisternas vecinas.
Me gusta escribir. Gracias a quien sea por acogerme en su generoso seno.
